¿POR QUÉ LOS ADULTOS OLVIDAMOS LO QUE APRENDIMOS SOBRE EL AHORRO CUANDO ÉRAMOS NIÑOS?

¿POR QUÉ LOS ADULTOS OLVIDAMOS LO QUE APRENDIMOS SOBRE EL AHORRO CUANDO ÉRAMOS NIÑOS?

Estas dos últimas semanas compartí con vosotros algunas ideas para introducir las finanzas con los más pequeños de la casa, si habéis puesto en práctica alguna o estáis en ello, comprobaréis que uno de los mejores ejemplos de buen ejercicio financiero que tenemos es el que nos dan los niños:  fijan objetivos claros, ajustados a su posibilidades y son absolutamente disciplinados con las acciones que tienen que desarrollar para el cumplimiento de su objetivo. Obsérvales….

En sus inicios financieros, el niño desconoce el valor del dinero, no tiene conciencia de lo que representa y del uso que le puede dar. La primera aproximación la tiene a través de su hucha, las monedas van a parar a su  interior sin importar la denominación, este es el momento en que se le puede inculcar el principio básico de las finanzas: el ahorro. Si bien es cierto que en ese momento no sabrá aún que es el dinero, si puede atribuirle un valor de intercambio con la práctica sencilla de fijarle nosotros un objetivo a esa actividad de ahorro: “cuando la hucha esté llena , con eso podremos comprar un miembro más de la familia Sylvanian o el muñeco de la Patrulla Canina”.

La sola expectativa de saber que si llena la hucha conseguirá el premio veréis que genera en el niño la disciplina para depositar la moneda que se le de o que encuentre en cualquier mesa o mueble de la casa, él  identifica perfectamente que cuanto antes llene la hucha antes hará realidad su deseo.

A medida que vuestro peque va creciendo veréis que , aprende a sumar y con ello descubre el valor del dinero y su función de intercambio, identifica deseos y lo asocia con una cantidad de dinero determinada que sabe que ha de acumular para efectuar esa compra. La fijación de objetivos es más lógica y es el quién decide lo que puede comprar con el resultado de su ahorro.  Ayúdale en esta etapa a aprender a diferenciar entre deseos y necesidades.

Es a partir de este momento cuando debemos también de hablar de dinero con ellos, en mi experiencia me encuentro que generalmente los niños no saben cual es la base de la economía familiar porque nos empeñamos en ocultarlo. Que nuestros hijos sepan cual es el trabajo diario que realizamos, no sólo les hará ver la realidad de que el dinero no sale de los cajeros, sino también les ayudará a esforzarse para encontrar en un futuro un empleo que les guste. También es importante que salgan a relucir gastos que normalmente quedan ocultos para ellos como la luz, el agua, los impuestos, la calefacción, internet, el teléfono, etc…

La siguiente etapa es la más importante y la que mejor refleja una buena costumbre financiera. Cuando el niño recibe una paga semanal o mensual, va a identificar claramente la capacidad de compra que tiene con ese dinero entre varias decisiones. Con el dinero que percibe, fija un objetivo, la compra de una consola de videojuegos, un teléfono móvil etc… lo valora y fija una cuota de ahorro según la periodicidad de la paga que percibe; y sólo si hay sobrante, ese dinero lo destinará a otros gastos. Fíjate: primero se cumple el objetivo y luego viene el gasto.

En aquellos casos en los cuales la inversión necesaria es mayor a las posibilidades también define los mecanismos que le ayudarán a alcanzar el objetivo. El niño va a desarrollar la habilidad negociadora y consigue un socio,  cuantas veces habrás oído: “yo ahorro tanto y tu pones tanto”, suele ser la oferta que hace a su padre, abuelo/a, tío/a o cualquier miembro de la familia que lo quiera acompañar en esa aventura.

Desafortunadamente estas buenas prácticas se van perdiendo con el tiempo. Cuando se tienen ingresos periódicos se puede anticipar un gasto por la vía del crédito y el concepto de ahorro desaparece, prima la posibilidad de tener las cosas de manera inmediata, aunque ello implique sin duda un mayor coste; dejando a un lado los buenos ejercicios financieros que teníamos cuando éramos niños.

Así las cosas, debemos hacer una reflexión de nuestros hábitos, vale la pena rescatar esas costumbre que teníamos cuando éramos niños, sin duda, nos reportaran grandes beneficios para la familia y el sano ejercicio de la planificación financiera.

 

 

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